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“Estoy muy contento; una gran alegría para mí porque nunca había jugado contra él”, dijo el pequeño al que la prensa española bautizó “El Messi del ajedrez” tras su victoria en el primer enfrentamiento ante Carlsen en su breve pero electrizante carrera.

La brisa de felicidad también se hizo extensiva en sus padres, Alejandro y Romina, que hace tres meses tomaron la decisión de dejar sus trabajos y despedirse de sus amigos y familiares para trasladarse a España, y así acompañar a su hijo en el crecimiento deportivo de esta actividad.

Si bien en la familia Oro la prioridad es mantener los pies en la tierra y encontrar el equilibrio entre la pasión del niño por el ajedrez y llevar un crecimiento de infancia con vida normal, concurriendo al colegio y socializando con sus pares, ellos comprenden y disfrutan de las alegrías de su hijo que pasa la mayor parte del día derribando imaginarios enroques y ensayando astutas celadas para sorprender a sus rivales.

“Es que además de sus 12 horas de clases semanales con profesores especializados, Fausti dedica una cantidad interminable de horas a ver videos, aprender estrategias nuevas y a entrenar. A esto hay que sumarle todas las partidas que juega por pura diversión: la última semana jugó cerca de 200 partidas, son más de 20 horas”, contó risueñamente papá Alejandro.

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