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Si bien el agua que cayó no desintegró el incendio feroz que se está comiendo los bosques de la zona desde finales de enero, trajo un poco de tranquilidad para los cerca de 300 brigadistas que combaten las llamas cada día en la línea de acción.

La amenaza a las poblaciones cercanas a la ciudad de Esquel, por tanto, se mantiene. Pero los responsables del operativo están algo más tranquilos. Finalmente, las condiciones climáticas jugaron a favor después de semanas de calor extremo y fuertes viento, dos condiciones letales para la combustión de estos bosques milenarios. Las precipitaciones además lograron que la nube de humo que pesaba sobre Esquel se disipara, aunque el olor a quemado se mantiene, como si se hubiera impregnado a los árboles, los postes de luz, las paredes y las ropas.

Las lluvias del martes por la noche -cayeron nueve milímetros- permitieron que el fuego baje su intensidad y, además, que se enfríe el material combustible. La temperatura se redujo considerablemente este miércoles (20 grados de máxima), lo que también contribuyó a que los brigadistas puedan trabajar con menos urgencia en el territorio armando cortafuegos (líneas “peladas de árboles y hojas” que impiden el avance de las llamas), y aplacando los sectores de llamas y árboles humeantes. En términos de juegos de mesa, el incendio retrocedió algunos casilleros pero lejos está de haberse dado por vencido.

Fuente: INFB

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